Hasta hoy pude ir a la tienda en cuestión para consultar la lista:
Para empezar me marea horrible el olor a talco del departamento de bebés, y al ser el primer evento al que me enfrento con una 'mesa de regalos', digamos que no tenía gran idea de la mecánica de las cosas. Una computadorita con pantalla tactil amablemente te pide la info para localizar el evento al que quieres contribuir, luego te imprime la lista de deseos (como carta a los Reyes Magos) de la feliz familia...
La máquinita me entregó un lindo pergamino de medio metro de largo en el que me catalogaba las 'sugerencias' por departamento, una descripción terriblemente breve del artículo a regalar, el código de almacén y... el precio. Yo ignoraba por completo que un bebé ocupara tantas cosas! Y como diseñadora industrial, algunas me parecen por demás redundantes e innecesarias, pero como no tengo hijos, la verdad ni idea. Total, ingenuamente me acerqué a una de las dependientas de la clienta para que me explicara cómo funcionaba lo de la mesa de regalos, de qué cuernos hablaba la lista que tenía en la mano (cosas como ¿qué cuernos es un sleeping bag para bebé?) y... cómo podía saber qué ya había sido regalado para no repetir regalo. La chica, que interrumpió su valioso chisme con su amiga casi se ríe de mí cuando me explica que lo de la lista impresa era LO QUE FALTABA por regalarle a la flamante nueva mamá. Yo casi me siento a llorar.

Eso de las mesas de regalos es como presión. Es decirle a alguien: Regálame específicamente ÉSTO, cuesta $tanto. O bueno, si no te alcanza, regálame ésto otro, que es más barato. Creo que los regalos salen del alma, no de la presión social. Ahora me pregunto seriamente cuánto tengo que mocharle a mi ahorro mensual (que no ha sido considerable en estos últimos meses) para poder cumplir con el requisito del regalo, sin verme poquitera. No es ser poquitera, más bien es que mis gastos este mes están por encima del promedio de los meses anteriores como para agregar un regalo del cual, quien lo recibe ya conoce su valor. Todo esto mata la magia de dar un regalo, creo.

Digo, hasta eso mi vecina reparó en elegir regalos con precios sensatos, pero no puedo evitar sentir esa como presión social... al rato yo llego con un jueguito de baberos todos monos que me costaron $150 pesotes para sentirme una chinche al lado del que llegó con la sillita para el auto de sus buenos $2000 pesotes! Qué se hace en estos casos?
Tengo una solución, que apliqué con unos amigos el baby shower pasado (diablos!): el outlet del bebé! Puedo conseguir las mismas cosas a mejores precios, pero sin el 'status' de la tienda departamental en cuestión, pero si a los papás de la bebé no les gusta mi regalo...
no lo van a poder cambiar por algo que les sea más útil.
El viaje a Xalapa estuvo muy chido, pero me secó el bolsillo, Si por mí fuera (y tuviera tiempo), estaría diseñándole un móvil a la pequeña.. pero tengo demasiado trabajo ahorita que tengo posiblidades de agarrar un muy buen proyecto totalmente externo a mi fuente de trabajo.